miércoles, 3 de octubre de 2012

Retroceso.

Estaba recostada de la ventana de del carro de mi padre, con media cabeza fuera, escuchaba los gritos de mi madre, pero la verdad mi cuerpo estaba ahí, no mi mente. —Demonios Sofía, mete la maldita cabeza ya. —¿que no escuchas mierda? mete la cabeza. Estábamos estacionados en una esquina, en una calle que no se veía rastro de que pudiera pasar otro carro, sólo estábamos nosotros... ¿algo podía salir mal? El sol pegaba mi cara y la poca brisa corría mi cabello, yo sólo miraba el cielo, pensando si algún día podría cambiarlo, escuché un carro venir, se escuchaba muy fuerte, venia en una alta velocidad, sin embargo, hice caso omiso a lo que me pidió mi madre, el auto bajó la velocidad y pasó lentamente por nuestro lado, el vidrio trasero bajo lentamente y había un chico rubio con lentes oscuros, yo lo miré, pero mi mente todavía no estaba en ese lugar, este chico me miró fijamente pude ver sus ojos color miel avellana, volvió a subir sus lentes y observé como el vidrio subía de nuevo, el auto aceleró aun mas fuerte y a menos de lo que canta un gallo ya se habían perdido en el camino, hasta que caí en vida. Era un auto lujoso, una camioneta para ser exacta, de color negra blindada, ¡un minuto! yo conozco ese auto... 

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