lunes, 4 de noviembre de 2013

3 pesadillas.

Y estoy perdida, estoy en un lugar, en un espacio, donde no sé si quiero estar, y lo único que sé, es que no puedo salir. Trabajo en mantenerme rodeada de pensamientos positivos, pero la verdad es que todo se va a la basura cuando mis complejos comienzan a aparecer, cuando el hambre llega, y cuando las cicatrices se abren. 

¿Por qué mientras hay chicas que lo son todo, yo no soy nada? A diario puedes ver en la calle a chicas increíblemente flacas, con los collarbones bien marcados, al igual que los pómulos, y el cabello mas brillante que pueda existir. No necesito verlas para deprimirme, necesito mirar un espejo y ver que soy basura al lado de ellas. La vida es injusta, pero así es y no puedo hacer nada para cambiarlo, las sigo odiando, y sobre todo me sigo odiando a mi misma, y puedo dejar que se me pase la vida en ello.

A veces el dolor de estomago que siempre está entre mis dos costillas es tan maldito que tengo que obligarme a ingerir algo para poder quitarlo, me enferma saber que está tan mal que ni siquiera el chicle puede eliminarlo, es como un recordatorio de que me estoy pasando de la raya, que no he comido por tres días y que ya debo hacerlo. El chicle es un arte maravilloso, mi mejor amigo, mi salvación siempre que me siento ansiosa o con ganas de comer todo, porque puede desaparecer todo en menos de 2 minutos. Magnifica creación del universo. 

No voy a negarlo, no comer me mantiene deprimida, hace que todo me moleste, que me sienta susceptible, que llore por cualquier estupidez que recuerde. Es tan irreal mirar mis piernas y ver como yo misma estoy destruyéndome, y que me gusta, ¿cómo diablos puedo verme tan mal, tan rota, y que me guste? ¿cómo me gusta lo que veo en mis piernas? ¿cómo yo misma puedo verme tan mal y sentirme bien conmigo misma? Es una basura. Pero, mientras me haga sentir bien, es suficiente para mi. 

Una de las cosas creadas por Lucifer: Que las heridas se me abran. Es como, volver a cortarme, pero esta vez duele. La sangre vuelve a correr como la primera vez y de manera tres veces mas exagerada, depende de la profundidad de la cortada. Maldición duele tanto. Pero, todo acaba cuando me vacío frascos de alcohol en las piernas. 

Puede sonar sádico e incluso doloroso, pero el alcohol corta la sangre, corta el dolor. Y ojalá cortara todo lo que me hace sentir mal. 

Sin embargo, los problemas no desaparecen, mis ganas de morir no acaban, yo sigo sintiéndome miserable, y quizá nunca deje de hacerlo. Pero, me gusta, es como una droga que no quiero dejar. 


No hay comentarios:

Publicar un comentario